CAUSA Y EFECTO
La ley que devuelve el poder
De todas las leyes que rigen la experiencia manifestada, la de causa y efecto puede ser una de las más malentendidas en el contexto evolutivo, especialmente cuando se la asocia con la noción de karma, que en el vocabulario popular ha derivado en una especie de sistema de puntos cósmico donde las "malas acciones" se cobran más tarde y las "buenas" se recompensan, con un registro que alguien o algo lleva meticulosamente en algún nivel invisible de la realidad.
Otra comprensión quizás más precisa apunta hacia algo más simple y radical, que en un universo donde todo está interconectado y donde cada acción genera ondas que se propagan a través del campo, no existe la posibilidad de actuar sin consecuencias, y esa imposibilidad no es un castigo sino la arquitectura misma de la libertad. Si las elecciones no tuvieran consecuencias reales, el LIBRE ALBEDRÍO sería una ilusión cómica — la capacidad de elegir sin que la elección cambie nada. Que sí cambien algo es precisamente lo que hace que las decisiones importen y que nuestra participación sea real dentro del sistema.
CAUSA Y EFECTO opera en múltiples escalas simultáneamente y con retardos que varían enormemente, lo que vuelve difícil para la mente lineal trazar las líneas entre lo que se siembra y lo que se cosecha — especialmente cuando lo que se cosecha llega mucho después de que la causa ya fue olvidada, o cuando llega en una dimensión diferente a la que se esperaba. La actitud presente moldea los momentos futuros — personales y colectivos — de formas que no siempre son lineales ni inmediatamente visibles, y entender eso tiene una consecuencia que puede sentirse como pesada carga o como empoderamiento radical dependiendo de desde dónde se la mire.
Desde la RESPONSABILIDAD RADICAL que no es lo mismo que la culpa, cada situación que uno vive contiene información sobre las causas que la generaron, incluyendo las que operaron desde el inconsciente, desde patrones heredados, desde la PROGRAMACIÓN que absorbimos sin elegirla conscientemente. Reconocerlo no sirve para desanimarnos, aunque a veces si toma tiempo asimilarlo, sino para desarrollar la capacidad de elegir de forma más consciente en el siguiente momento, sabiendo que ese siguiente momento también está sembrando algo hacia adelante.
Cuando nuestro EGO se cree la autoridad para tomar nota y medida de la balanza de justicia en el mundo y porqué 'los malos' no son castigados tanto como los 'buenos' se crea frustración e impotencia que muchas veces es la causa de más desequilibrios. Lo importante no es ver si el mundo es justo o no, sino confiar y tomar en cuenta la ley de causa y efecto en nuestra realidad y hacernos cargo de los efectos que hoy vivimos sobre causas pasadas, incluso si fueron decisiones inconscientes o automáticas.
El sistema sabe autorregularse solo, no necesitamos preocuparnos por eso. Solo hay que asumir la comprensión de esa autorregulación primero en nosotros y con ello vendrá la certeza de que las decisiones que se tomen ahora están construyendo activamente un tejido coherente en lo que vendrá.
El poder que entregamos para que otros se beneficien de nuestro dolor por no saber reconocer nuestra parte, se recupera en el momento en que asumimos la autoría y responsabilidad de nuestra experiencia, no de todo lo que ocurrió antes, sino de lo que haremos con ello desde EL AHORA.
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