LA FUENTE

El origen sin principio

Antes de cualquier nombre que se le haya dado — Dios, el Tao, Brahman, el Vacío, el Todo, la Fuente — existe algo que ningún sistema de pensamiento ha logrado atrapar completamente en sus múltiples intentos de definir lo incognosible, y curiosamente esa resistencia a ser definida es quizás la característica más consistente que todas las tradiciones le atribuyen.

El misticismo judío la llama Ein Sof, el sin-fin. El taoísmo advierte desde la primer línea en el Tao Te Ching que el Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno. El budismo señala hacia lo que está antes del pensamiento, antes de la percepción, antes de cualquier experiencia de ser alguien, no en una forma de evasión sino por realidad experimental: lo que antecede a toda forma no puede ser una forma más.

Y a pesar de ello muchos lo hemos sentido, sabido, intuido y en nuestro intento hemos querido nombrarlo de alguna manera. LA FUENTE es el nombre que este proyecto usa para ese estado original, que es previo a la separación, previo a la individualización, previo a la experiencia de ser un yo que observa un mundo.

La manera más directa de acercarse a comprenderla no es a través de argumentos filosóficos sino a través de aquello que ciertos momentos de la experiencia humana logran tocar: el silencio que aparece cuando la mente se aquieta, la sensación de unidad que a veces sentimos en contacto con la naturaleza o en estados meditativos profundos, esos momentos que algunos reportan durante experiencias límite donde la noción de ser un individuo separado se disuelve brevemente y lo que queda es algo que no tiene nombre pero que se reconoce inmediatamente como real — más real, de hecho, que la realidad ordinaria.

Lo que hace fascinante este territorio es que culturas que no tuvieron ningún contacto entre sí, separadas por océanos y siglos, llegaron a descripciones que señalan en la misma dirección con vocabularios completamente distintos.

El Brahman de los Upanishads — la realidad última sin atributos, de la cual el universo entero es expresión, corresponde al Ain Sof kabbalístico, al Tao de Lao Tze, al Pleroma gnóstico y al campo cuántico de vacío que la física moderna describe como el sustrato del que emergen todas las partículas y al que todas regresan. Distintos mapas del mismo territorio que ningún mapa puede contener.

Lo que sí puede decirse con certeza es que LA FUENTE no es un lugar al que llegar sino el estado del que nunca nos hemos ido completamente — lo que el vedanta llama Atman, la chispa de lo universal que habita en cada ser y que es, en esencia, idéntica al Brahman.

El proceso del despertar no es un viaje hacia algo externo sino el reconocimiento progresivo de lo que siempre ha estado presente debajo de las capas de condicionamiento, identidad construida y olvido temporal que constituyen la experiencia ordinaria de la consciencia.

LA UNIDAD no es un estado que se alcanza. Es lo que queda cuando dejan de sostenerse las divisiones que la ocultan.

El Árbol Galáctico · La Unidad