EL VACÍO
Una plenitud silenciosa previa a todo
Una de las confusiones más frecuentes en el camino del despertar es equiparar el VACÍO con el vacío existencial — esa sensación de falta de sentido, de pérdida de dirección, de que algo esencial está ausente de la vida que llevamos. Son estados que pueden parecer similares desde adentro, especialmente en las fases más intensas del proceso, pero apuntan en direcciones completamente distintas.
El vacío existencial es la señal de que la consciencia está siendo llamada hacia algo más profundo, mientras que el Vacío del que hablan las tradiciones contemplativas es precisamente lo opuesto de una ausencia: es la condición de máxima potencialidad, el campo de posibilidades no manifestadas del que emerge toda forma.
La física cuántica llegó a este territorio por sus propios medios. Al intentar describir lo que existe entre las partículass, o sea todo el espacio que compone la materia, ya que los átomos son casi completamente espacio — los físicos encontraron que ese aparente vacío está lejos de ser nada: está saturado de fluctuaciones cuánticas, de partículas virtuales que emergen y desaparecen en fracciones de segundo, de energía de punto cero que persiste incluso en las condiciones más cercanas al cero absoluto. El vacío cuántico no está vacío. Está lleno de lo que todavía no ha tomado forma.
El VACÍO del Tao tiene una cualidad análoga: el wu ji, el estado de no-diferenciación anterior al tai chi — a la emergencia de los opuestos — es el fundamento del que todo lo demás surge sin agotarse por ello. El Tao Te Ching que define lo describe con una imagen que permanece: el útero del universo, que da a luz sin vaciarse. Y el buddhismo con su concepto de sunyata — la vacuidad — señala que la ausencia de existencia inherente e independiente en los fenómenos no es su defecto sino su naturaleza real, la que los hace posibles precisamente porque ninguna forma está fija, ningún estado es permanente, ninguna identidad está cerrada definitivamente.
Para quienes atraviesan la NOCHE OSCURA DEL ALMA — esa fase del despertar donde las estructuras antiguas de identidad se han disuelto sin que las nuevas hayan tomado forma todavía — el Vacío puede sentirse como amenaza antes de revelarse como umbral. Estar en ese espacio de no-saber, de no-forma, de no-ser-todavía-lo-que-vendrá, requiere una tolerancia a la incertidumbre que no se desarrolla de forma teórica sino a través de la experiencia directa de sostenerse ahí sin apresurarse hacia ninguno de los dos lados.
Los meditadores contemplativos de todas las tradiciones que han trabajado con el Vacío como objeto de práctica reportan consistentemente que lo que se encuentra en ese silencio profundo, en la suspensión de toda actividad mental habitual, es precisamente lo que buscaban fuera: una plenitud que no depende de ninguna condición externa.
El VACÍO FÉRTIL es otro concepto mencionado en algunas tradiciones tántricas, es el espacio que permite que lo nuevo emerja. Antes de que una semilla pueda germinar, la tierra debe tener espacio. Antes de que una idea tome forma, debe existir silencio donde no había una idea todavía. Y antes de que la consciencia recuerde lo que siempre fue, algo del edificio de lo que creyó ser tiene que crear espacio para que ese recuerdo quepa.
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