EL CAMPO CUÁNTICO
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Cuando física cuántica surgió desafió por completo lo que ningún físico clásico habría apostado a encontrar en sus cálculos, que en el nivel más fundamental de la realidad, antes de que la materia sea algo definió, existen en un estado de superposición — múltiples posibilidades co-existiendo simultáneamente hasta que el acto de observación colapsa una de esas posibilidades en una realidad concreta. ¿Cómo es posible que las partículas no tengan una ubicación fija hasta que alguien las mida, y que el resultado de la medición tenga en cuenta la participación del observador en la determinación del resultado.
EL CAMPO CUÁNTICO de posibilidades — ese estado previo al colapso donde todas las opciones coexisten en potencia — es quizas una versión científica contemporánea de lo que diversas tradiciones llamaron el Vacío fértil, el Ain Sof, el estado de potencialidad pura antes de la manifestación. Y la participación del observador en el colapso de posibilidades tiene un paralelo directo con lo que las tradiciones del despertar enseñan sobre el papel de la consciencia en la creación de la experiencia: no que la mente invente la realidad a voluntad, sino que la calidad de la consciencia con la que se habita la experiencia influye activamente en cuál de las múltiples posibilidades disponibles se vuelve la realidad que uno vive.
El físico David Bohm desarrolló esta comprensión hacia el concepto del Orden Implicado: una dimensión de la realidad donde todo está plegado dentro de todo, donde la separación entre las cosas es una abstracción útil pero no una descripción completa de lo que es, y de la cual emerge algo que el llama: 'Orden Explicado', la realidad de objetos y eventos separados que experimentamos ordinariamente como una especie de proyección o despliegue de algo más fundamental. El universo visto desde esta perspectiva es holográfico: cada parte contiene información del todo, de la misma forma en que cada fragmento de un holograma contiene, aunque con menor resolución, la imagen completa.
Lo que convierte esto en algo más que física teórica para el proceso del despertar es la implicación práctica: si el campo de posibilidades es real y la consciencia participa en el colapso de esas posibilidades en realidad concreta, entonces el trabajo de elevar la calidad y la coherencia de la propia consciencia, de alinear pensamiento, emoción y acción en torno a lo que es auténtico, no es un ejercicio espiritual desvinculado del mundo material sino una forma de interactuar de forma más inteligente con la arquitectura de la realidad misma.
La COHERENCIA interior no es solo una condición subjetiva deseable, es una forma de orientar el campo de posibilidades disponibles en la dirección de lo que el ser más profundo reconoce como verdadero.
La partícula no está en ningún lugar hasta que es observada.
La pregunta que cada uno se hace es:
¿desde qué calidad de consciencia estoy observando mi propia vida?